Crónica de una boda anunciada (VI)

Continúo (y concluyo) con la crónica de mi boda con Saori.

El resto de la ceremonia religiosa transcurrió con otras sorpresas, como ya se habían establecido varios acuerdos con el sacerdote que se supondría nos iba a casar, mis suegros mandaron a imprimir unos misales para que los asistentes siguieran el orden de la misa.

Sin embargo, como les he comentado anteriormente el sacerdote no se presentó y envió a otro para que nos casara. Éste sacerdote decidió llevar la misa como mejor le parecía, por lo que los misales aunque fueron repartidos, no correspondían con la misa.

Así fueron cambiando otros detalles de la misa, algunos sucesos muy chuscos, pero que los asistentes no podían notar, como que el sacerdote estaba algo nervioso, que nos llamó la atención en un par de ocasiones, como al llegar a la parte de los concentimientos (Yo ___, te acepo a tí ____) no lo habíamos aprendido, debíamos leerlo, pero cuando el sacerdote se acerco para que pudieramos leer, las hojas se empezaron a desprender y teníamos que evitar la risa para no soltar una cómplice carcajada.

Cuando concluyó la misa, muchos amigos/familiares/conocidos nos esperaban para felicitarnos, nos despedimos y encaminamos hacia el sitio donde se llevaría a cabo la recepción.

El resto de la fiesta transcurrió sin mayores inconvenientes, muy divertidos, recorriendo las mesas de todos nuestros invitados y demasiado rápido, al grado de que Saori me dijo que ella quería una hora mas de música y salón porque ya había transcurrido el tiempo que amparaba el contrato.

Sinceramente estuvimos muy divertidos y entretenidos, pero todavía debíamos realizar el trámite de la boda civil, atender a los diversos invitadors. Al llegar la noche aún nos faltaba terminar de empacar y emprender el viaje a Cancún al siguiente día por lo que tendríamos que despertarnos muy temprano para nuestra luna de miel.

Pero esa ya es otra historia.
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